Entrevistas

Pablo Martínez deportista PROAD

Pablo Martínez Estévez, nuestro deportista PROAD - CSD

| PROAD | Entrevistas
Pin It

Pablo Martínez Estévez ha aprendido a compaginar el piragüismo de alto nivel con los estudios y, ahora, también con su trabajo como entrenador. Olímpico y medallista internacional, ha pasado por distintas etapas deportivas y formativas sin dejar de preparar su futuro. En esta entrevista habla de los cambios que ha tenido que afrontar, de cómo se ha organizado para seguir estudiando y del apoyo del PROAD en momentos clave de su carrera.

Por poco que sea, avanzar académicamente siempre es mejor que posponerlo, porque nunca sabes cuándo el deporte puede sacarte de donde crees que está tu lugar

Pregunta: Vienes de una generación muy competitiva del piragüismo español y has pasado por pruebas de equipo como el C2 y el C4. ¿Cómo ha ido cambiando tu papel dentro de la embarcación y dentro del grupo a lo largo de estos años?
Pablo: Pienso que en mi trayectoria ha pasado todo muy rápido, pero la definiría en varias etapas.
Empecé en el piragüismo a los 16 años, siendo juvenil de primer año. Esa sería mi primera etapa. El primer año fue, como es evidente, muy discreto y disfrutaba sobre todo de las competiciones de equipo. En mi segundo año de juvenil ya conseguí alguna medalla nacional en C2 y C4, además de un quinto puesto en C1 500 en el Campeonato de España, así que la progresión fue rápida.

La segunda etapa fue la universitaria. Estudiaba el doble grado de Fisioterapia y Ciencias del Deporte y tenía clases prácticas por la mañana y por la tarde. El piragüismo quedó en segundo plano durante mis primeros años como sénior. Lo practicaba con mis amigos en los ratos libres, tres o cuatro días por semana, para mantenerme en forma, y siempre buscábamos montar barcos de equipo para competir y sentirnos competitivos a nivel nacional. Con mis compañeros del club solíamos entrar en las finales A de España en C2 y C4 500 y 200 metros. Entrenando poco no nos daba para más.
La tercera etapa comenzó en 2019, con 22 años. Mi compañero Castaño volvió de Erasmus y mi calendario académico se relajó un poco. Nos planteamos qué pasaría si, después de haber estado peleando, entrenando poco, entrenáramos cinco o seis días a la semana. Fijamos como objetivo el selectivo sub-23 en C2 y nos pusimos manos a la obra. Compaginándolo con los estudios y con mi trabajo como camarero, conseguimos entrenar cinco días por semana y clasificarnos para el Campeonato de Europa sub-23. A nivel internacional todavía no teníamos nivel suficiente para competir de tú a tú, pero disfrutamos de la experiencia. Individualmente, conseguí ser quinto en C1 500 y clasificarme para el C4 500 del Mundial de 2019, mi primer campeonato absoluto. Fue una pasada verme compitiendo junto a deportistas a los que admiraba. De hecho, había comprado entradas para asistir como espectador a ese Mundial y finalmente fui uno más del equipo.

Ahí comenzó la cuarta etapa. Me propuse ver hasta dónde podía llegar y estuve esperando la llamada del equipo nacional, con la disposición de dividir mis dos últimos años de carrera en cuatro. La llamada no llegó hasta enero, cuando ya había decidido seguir el ritmo académico habitual, así que iba con el equipo cuando la universidad me lo permitía. En 2020 llegó la pandemia y, en mi caso, las clases en línea me permitieron centrarme más en los entrenamientos. Entré en el equipo nacional, terminé mi cuarto año de carrera y competí en la única Copa del Mundo absoluta que se celebró, en C2 1000, distancia olímpica, y C2 500 con Nacho Calvo. Por primera vez me sentí competitivo en las principales pruebas del calendario y eso hizo que el hambre siguiera creciendo.

La quinta etapa fue el camino hacia Tokio y el ciclo de París. El piragüismo pasó a ser mi principal objetivo. Cayetano y yo formamos un tándem que creo que fue único, que nos dio muchísimas alegrías y nos enseñó a perseguir nuestras metas y hacerlas posibles pese a las circunstancias. En cuatro temporadas conseguimos un diploma olímpico en Tokio, dos oros en Copas del Mundo, el primer oro de un C2 español en una distancia olímpica, y medallas en los Juegos Europeos y en el Campeonato del Mundo.

Esta etapa se cerró al perder finalmente la opción de disputar los Juegos Olímpicos de París. Fue entonces cuando vimos que habíamos conseguido algo que hoy valoro más que muchas medallas: el cariño de numerosos piragüistas y personas del mundo del deporte, que nos arroparon en un momento duro, igual que habían celebrado con nosotros los momentos de alegría. Después comenzó un momento difícil de recuperación y reconstrucción, con un año de parón en el alto nivel. Ahora estoy en una etapa de descubrimiento, de volver a disfrutar remando, de sentirme capaz de dar el cien por cien y de recuperar el hambre de pelear con los mejores.

En este camino he pasado de ser un chico que practicaba deporte a probar, con 22 años, hasta dónde podía llegar, marcarme las metas más ambiciosas y conseguirlas. Pero, sobre todo, mi carrera siempre ha estado marcada por los barcos de equipo. Eso sigue ayudándome ahora, porque puedo contagiarme de la ilusión de mis compañeros, que quizá es lo que yo echaba en falta.

Pregunta:  En el piragüismo de aguas tranquilas, el resultado depende de detalles muy precisos: coordinación, ritmo, lectura de carrera y confianza entre compañeros. ¿Qué te ha enseñado esa forma de competir sobre el trabajo en equipo?
Pablo: Muchas cosas. Como dices, mi deporte muchas veces se mide en décimas de segundo: detalles muy pequeños pueden marcar la diferencia entre ser primero y conseguirlo todo, o ser cuarto y quedarte sin nada. Eso me ha enseñado a trabajar cada día y, concretamente en equipo, a tolerar mucho el error y a buscar el acierto. En los entrenamientos vivimos constantemente intentando mejorar, y para mejorar hay que fallar. Fallar solo es duro, pero hacerlo en equipo es todavía más difícil de gestionar, porque muchas veces tenemos que lidiar con nuestros egos, pensamientos y estados de ánimo, tanto propios como de nuestros compañeros. Yo he aprendido que, por encima de todo eso, está el deseo del equipo de mejorar. Todos remamos en la misma dirección y con el mismo objetivo: ser los mejores. Desde esa premisa, la gestión del día a día y de las frustraciones se vuelve mucho más positiva.

Pregunta:  La reciente plata en C4 500 en Brandemburgo llega en una etapa en la que ya trabajas también como entrenador. ¿Se mira la competición de otra manera cuando empiezas a analizar el deporte también desde el otro lado?
Pablo: Así es. Tras perder la plaza para los Juegos Olímpicos de París 2024, lo peor fue que, además de perder el sueño y el objetivo, perdimos las becas económicas que nos ayudaban a focalizar el cien por cien de nuestro esfuerzo en remar. Decidí que, para sentirme bien, necesitaba compaginar mis entrenamientos con un trabajo que me aportara el sostén económico que ya no tenía.

A día de hoy, las áreas profesionales que más me motivan son la gestión deportiva, ya que terminé un MBA con la UCAM, el entrenamiento y también la formación. Con el Máster de Profesorado me di cuenta de que transmitir lo aprendido en Formación Profesional o incluso en la universidad es algo que también me motiva. Quiero aprovechar para agradecer a la UCAM, porque ha sido un pilar fundamental en mi carrera para poder compaginar deporte y estudios, y siempre les estaré agradecido.

Como decía, vi que lo que mejor podía compaginar con volver poco a poco al alto nivel era ser entrenador, y en mi club, el Club Náutico de Sevilla, me abrieron las puertas. Ha sido un punto clave, porque entrenar a chavales juveniles y cadetes me ha ayudado a ver desde otra perspectiva mis propios entrenamientos, a contagiarme de sus ganas y a disfrutar de nuevo del deporte más allá del resultado.

Este C4 también ha tenido una carga emocional grande. El barco estaba formado por mi compañero Tano, con quien hemos vivido ya casi como dos hermanos; por Ricardo Morgado, compañero de nuestro club y amigo de toda la vida, que se estrenaba como deportista internacional a sus 31 años; y por Pablo Graña, un gran deportista y, sobre todo, una persona de diez.

Compartir ese momento con Ricardo y acompañarlo ha sido muy bonito, y otro regalo que el deporte me ha dado.

Pregunta: Elegiste un doble grado exigente, Fisioterapia y Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, y después has seguido ampliando tu formación en ámbitos como el piragüismo y la gestión. ¿Cómo has ido decidiendo qué estudiar en cada etapa y qué buscabas con esas elecciones?
Pablo: Sí. Desde pequeño siempre me ha encantado el deporte. Recuerdo que, de niño, en vez de poner dibujos en la televisión, me entretenía viendo Teledeporte. Por eso, la oportunidad de hacer el doble grado fue para mí una suerte. Profesionalmente tenía mis dudas. Valoraba estudiar Medicina, porque a simple vista tiene un futuro profesional más marcado, pero finalmente me decidí por el doble grado. Al final, la vida dio un giro completo y me convertí en deportista profesional.

Aun así, siempre tuve claro que debía seguir formándome, porque esto se acaba pronto. Gracias a la UCAM cursé los dos másteres que comentaba. En primer lugar, después de la mala experiencia del último año académico, necesitaba formaciones en línea que me permitieran entrenar al cien por cien y adaptar el tiempo lectivo a mis necesidades. En segundo lugar, elegí esos dos ámbitos porque creo que completan mi formación y encajan con mis aspiraciones.

Ojalá algún día pueda dedicarme a entrenar a un equipo de alto nivel o a gestionar alguna entidad relacionada con el deporte. Son mundos que me generan ilusión porque los asemejo a la vida deportiva: están llenos de retos, marcados por objetivos y te permiten luchar por ser mejor. Además, también te dan la posibilidad de ayudar a otras personas a alcanzar su mejor versión, algo que a mí me llena.

Pregunta:  En el alto nivel, los cambios de residencia suelen formar parte del camino. En tu caso, tuviste que trasladarte a Baleares por motivos deportivos y finalizaste allí la carrera mediante una beca SICUE. ¿Cómo gestionaste ese proceso para no perder continuidad académica y qué recomendarías a otros deportistas que se encuentren en una situación parecida?
Pablo: Sí. Esto llegó en un momento en el que tenía dos asignaturas atascadas en la Universidad de Sevilla. Entre abril y junio no podía asistir presencialmente por las concentraciones y las competiciones y, en este caso, los profesores no me ayudaron mucho. Fueron dos años sin opción de evaluarme porque físicamente no podía asistir, y fue frustrante.

Por suerte, el traslado a Baleares, que también llegó después de una etapa dura porque nuestro equipo técnico dejó la selección y tuvimos que cambiar, me permitió hacer una beca SICUE con esas dos asignaturas. Allí sí me facilitaron el tema de la presencialidad. Pude asistir a las evaluaciones y, después de estudiar, aprobé una asignatura a la primera y la otra en la recuperación. Con eso conseguí cerrar por fin el expediente del doble grado.

Mi recomendación es que no se desvinculen nunca. Por frustrante que sea, cada año hay que intentarlo y buscar vías que permitan evaluarte, agotar todas las opciones y estudiar. Que todo lo que esté en su mano se lleve a cabo.

Pregunta: Tus mejores resultados internacionales llegaron en la última etapa universitaria, cuando también aumentaban las exigencias deportivas. ¿Qué cambios hiciste en tu forma de organizarte para mantener el ritmo académico sin renunciar al máximo rendimiento?
Pablo: Como dije dividí el último curso en 2 años, y desde el inicio me organicé para cumplir objetivos académicos dándole prioridad a los deportivos que me exigían más tiempo diario. Por ello siempre recomiendo organizarse a inicio de temporada y marcar objetivos duales, es decir, en cada ámbito de la vida que llevemos. Y desde ahí marcar prioridades, pero nunca abandonar por desorganización, siempre se puede avanzar en cada área con esfuerzo y orden.

Pregunta: Muchos deportistas viven los estudios como algo que queda en segundo plano frente a la competición. En tu caso, ¿crees que la formación te ha ayudado también a entender mejor el rendimiento y a competir de otra manera?
Pablo: Por supuesto que sí, me ha ayudado a tener metas fuera del agua. Aunque a veces cueste compaginarlo, ver que vas avanzando, aprobando, graduarte, te hace verte crecer y avanzar y a mí eso siempre me ha ayudado. También me ha ayudado a saber aprovechar el tiempo, saber que tengo cosas que hacer y metas que cumplir hace que no vaya a entrenar o a un examen simplemente por hacerlo, cada vez que dedico tiempo a algo es por cumplir un objetivo.

Pregunta: El Programa de Atención al Deportista de Alto Nivel (PROAD) acompaña a muchos y muchas deportistas en su carrera dual. Desde tu experiencia personal, ¿en qué momentos concretos has notado ese apoyo y cómo te ha ayudado a planificar tu formación y tu futuro profesional?
Pablo: Me ha ayudado mucho en toda mi carrera, es un programa al que he recurrido a menudo cuando he tenido problemas que solucionar. El PROAD me ha servido para guiarme en momentos de duda profesionales, deportivas y académicas. Y orientando un poco en esa incertidumbre que se crea, en esta última etapa, tranquilizándome para no adelantarme en quemar etapas como habría sido un abandono prematuro de la competición.

Pregunta: Por último, si tuvieras que hablar con un deportista joven que piensa que estudiar o formarse puede esperar, ¿qué le dirías desde tu experiencia real, no desde el consejo ideal?Pablo: Le aconsejaría que la vida deportiva es muy exigente, y agotadora. El alto nivel consume mucha energía, concentración y tiempo. Pero la formación hay que llevarla de la mano.

Por poco que sea, avanzar académicamente siempre es mejor que posponerlo. porque nunca sabes cuándo el deporte puede sacarte de donde crees que está tu lugar. Yo lo he vivido desde los dos ámbitos: llegar hasta donde veía impensable, disputar unos Juegos Olímpicos y ser campeón del mundo, y poder dedicarme al cien por cien al deporte; pero también quedarme fuera de golpe y perder todo el sostén que tenía. En ese momento, contar con un plan B, una formación académica y un futuro profesional me ayudó a relativizarlo todo, avanzar sin ansiedad e ir dando pasos deportivos, profesionales y académicos mientras la vida volvía a marcarme el camino. Recomendaría al cien por cien invertir tiempo en conocer bien y organizar unos estudios que sean realmente compatibles con la carrera deportiva, ya sean en línea, semipresenciales o con otras fórmulas y asumir que siempre hay momentos de estrés y dificultades, pero todo es parte del aprendizaje.

Entidades colaboradoras